No. El mundo está lleno de “noes”.

“¿A que no eres capaz de hacer esto?”
“No seas así”
“Eso no podría haberlo imaginado nunca”.

En WILDCom abanderamos el “sí”.

“Sí, eres capaz”
“Sí, sé así”
“Sí, imagínate”

Porque resulta que si NO haces nada, nunca pasa nada.
Pero a veces, trasladado al ámbito profesional, un “no” a tiempo ahorra mucho coste: de recursos, de personas, de dinero. De tiempo.

El tiempo es la moneda del S.XXI.

No podemos permitirnos perderlo.
No podemos permitir que nadie lo pierda por no atrevernos a decir, a tiempo, que no.

Cuándo decir NO a un cliente

 

 

Cuando tenemos delante más necesidades que recursos con las que resolverlas. Porque es importante no olvidar que trabajamos (solo y siempre) con las herramientas de las que disponemos.

Aceptar solicitudes a discreción no te hace más productivo, te convierte en un maneki-neko, pero no de los que traen suerte, precisamente.

Las empresas no contratan gatos chinos de la suerte expertos (mucho menos externos), los colocan en alguna estantería para que vean las jornadas pasar. Quieren dragones.

 

 

Decir no a un cliente no debería ser una tarea difícil. Ni escucharlo por parte de la persona que lo recibe. No tendría por qué quemar. Debemos ser capaces de crear un clima de confianza entre nuestro trabajo y las personas a las que prestamos asesoramos.

Por nuestra experiencia, las empresas lo agradecen.

Si no eres capaz de prestar el servicio que reclaman, si no tienes capacidad operativa en un momento puntual o sencillamente, no hay “feeling” entre tú y la persona que tienes delante. Si no os entendéis. Si no te dejan trabajar, porque no confían en las capacidades que has puesto encima de la mesa en los primeros encuentros. Si crees que estás haciendo algo con lo que, moralmente, no estás de acuerdo.

Sé un dragón.

Di “no”, aunque te abrase en la garganta.

Pero sé un dragón listo. Y agradecido. Además de honesto.

Ofrece alternativas. Recomienda a otra persona.

Mantén el contacto.

No reduzcas a cenizas la relación.